Defensa del trabajo [y los trabajadores] en la obra de Bob Dylan

    24/08/2017. Pere J. Beneyto

    La reciente concesión del premio Nobel a Bob Dylan ha provocado, más allá del brote corporativista entre una parte del gremio literario, un renovado interés por el impacto cultural y social de un cantautor que, según la Academia Sueca, habría “creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”.

    Su trayectoria creativa supera ya las cinco décadas, con niveles de producción realmente extraordinarios, tanto en términos cuantitativos (desde su primera grabación en 1962 ha compuesto más de 650 canciones, agrupadas en 69 álbumes1) como cualitativos, trascendiendo fronteras generacionales y de género (folk, rock, country, blues), creando un estilo propio capaz de integrar renovación musical con dignidad literaria, alternando el aliento épico y la crítica social con el simbolismo intimista e incluso críptico.

    Su primera etapa estuvo muy influida por la canción protesta de músicos folk como Woody Guthrie y Pete Seeger, especialmente el primero, muy vinculado al sindicato IWW (Industrial Workers of theWorld, cuyos militantes eran popularmente conocidos como los wooblies), la defensa de los inmigrantes y la denuncia de las injusticias sociales, al que rinde homenaje en su primer disco (Song to Woody) evocando su mundo de pobres y labriegos, cantando “… a los corazones y la manos de los hombres que vinieron con el polvo y se fueron con el viento”, en clara referencia a los obreros víctimas de la depresión social de los años treinta que describiera Steinbeck en Las uvas de la ira.

    Revista Fundación 1 Mayo [79] Ver texto completo en PDF

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