Los ‘millennials’ y el sistema público de pensiones que queremos

    27/02/2018. Carlos Gutiérrez Calderón

    Un joven que se jubile de forma ordinaria en el año 2052 verá reducida su pensión con el sistema implantado por el Partido Popular en un 23,1 por ciento.

    Los jóvenes debemos sentirnos interpelados para actuar e incidir hoy. Mañana será tarde. La tensión se encuentra entre un sistema público de calidad, de carácter universal, de solidaridad intergeneracional e interterritorial que permita garantizar una vida digna a los jubilados del futuro

    Durante los últimos meses hemos vivido diferentes movilizaciones de los pensionistas a raíz de una mísera revalorización de las pensiones, el 0,25%, resultado de la reforma unilateral que realizó el Partido Popular en 2013. Aquella reforma supuso desvincular el crecimiento anual de las pensiones del incremento de los precios, con el efecto que ahora se hace evidente: los pensionistas actuales están perdiendo poder de compra. Pero esta no es la única consecuencia en la que hay que detenerse. La introducción también en 2013 del llamado “factor de sostenibilidad”, vinculado a la esperanza de vida, derivará a partir de 2019 en pensiones más bajas. En la práctica, se han situado las pensiones en la senda de una devaluación progresiva y constante que afecta a los pensionistas de hoy, pero también y de forma más profunda a las generaciones que se jubilen en las próximas décadas. Y este es el elemento crucial sobre el que hay que incidir para incorporar a la juventud al debate sobre qué sistema público de pensiones queremos y cómo ha de financiarse.

    Los pensionistas se mueven. Las marchas por unas pensiones dignas convocadas por CCOO y UGT iniciaron su andadura en septiembre del pasado año y finalizaron en una gran movilización de pensionistas en Madrid. Además, el movimiento sindical -junto a diversas plataformas y asociaciones de pensionistas- han venido convocando desde entonces concentraciones descentralizadas en las capitales de provincia de nuestro país. El último hito fue el pasado día 22 de febrero, cuando la indignación de decenas de miles de pensionistas se expresó con contundencia en las calles de toda España. El salto cuantitativo -quizá también cualitativo- resulta ya innegable.

    Esta creciente inflamación social entre los pensionistas es perfectamente comprensible. Durante los duros años de la crisis económica, y aún en la actualidad, ha sido la pensión del abuelo o de la abuela el único sustento para muchas familias. El sistema público de pensiones ha resistido bien el azote de la crisis económica y se convirtió en uno de los pilares amortiguadores de situaciones dramáticas que han sufrido numerosos trabajadores. La familia como sustento ante el infradesarrollo de nuestro Estado de Bienestar. Este esfuerzo de las familias y los pensionistas en la tan cacareada recuperación económica no se ha visto recompensado. Así, mientras el crecimiento a nivel macro está alrededor de un 3%, se supera el nivel de producción de bienes y servicios que teníamos antes de esta década de crisis económica y los beneficios empresariales aumentan de forma notable, las pensiones se revalorizan sólo un 0,25%. Estamos ante el gran problema de España en la actualidad: una recuperación económica que no mejora las condiciones salariales de los trabajadores ni las pensiones de los pensionistas. ¡Es la distribución, estúpido!

    Se está articulando un amplio consenso entre los pensionistas en relación al injusto trato que están recibiendo y que demuestra una notable y creciente capacidad movilizadora. Sin embargo, el debate de fondo sobre qué sistema público de pensiones queremos debe tener capacidad de concitar la complicidad y la movilización de sectores sociales que actualmente no son beneficiarios del sistema. Las generaciones que actualmente están en activo en el mercado de trabajo observan lo que sucede con nuestro sistema público de pensiones desde una posición menos activa de lo que sería deseable. Y este fenómeno se acentúa entre la juventud. Las generaciones más jóvenes somos por la distancia, pero también por nuestra precaria situación laboral y por la falta de expectativas sobre la capacidad de construir una larga carrera profesional, quienes más alejados del debate y la movilización nos encontramos. Asumimos de facto la pérdida del derecho a una jubilación digna. Este fenómeno es preocupante porque es la juventud un colectivo al que la reforma del sistema de 2013 va a afectar con más severidad. Según los análisis de CCOO, un joven que se jubile de forma ordinaria en el año 2052 verá reducida su pensión con el sistema implantado por el PP en un 23,1%. Además, habrá que añadir el impacto que tendrá el índice de revaloración durante el conjunto de años que esté como pensionista.

    ¿Cuál es el futuro del sistema público de pensiones? Este es el debate que hay que abordar. Y la respuesta dependerá de las políticas que se apliquen hoy. Las organizaciones que actualmente estamos convocando las exitosas movilizaciones de pensionistas debemos ser capaces de desbordar el actual perímetro para implicar en la movilización a la juventud que observa ajena el debate de fondo que se está dando. Estamos obligados a tejer una red de solidaridad intergeneracional en la movilización por nuestro modelo de pensiones. Los jóvenes debemos sentirnos interpelados para actuar e incidir hoy. Mañana será tarde. La tensión se encuentra entre un sistema público de calidad, de carácter universal, de solidaridad intergeneracional e interterritorial que permita garantizar una vida digna a los jubilados del futuro, y un sistema de pensiones asistencial, marginal y caracterizado por el “sálvese quien pueda”. O por el “ahorro”, que dirían Rajoy y Villalobos.

    La batalla es, por supuesto, de nuestros padres y abuelos por unas pensiones de calidad a corto plazo. Pero también nuestra. Afrontémosla.

    Carlos Gutiérrez Calderón | Secretario confederal de Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo de CCOO

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