La libertad de expresión es el alimento de una sociedad democrática

    05/03/2018. José Luis Gil González

    Se ha abierto un nuevo capítulo en la persecución de discrepantes. El esperpento de la retirada del espacio expositivo en Arco a un fotógrafo, o el secuestro de un libro –caso de Fariña-, o como fue el caso de los “titiriteros”, no son una torpeza, no son una improcedencia, son decisiones enmarcadas en un pensamiento ultraconservador que, para nada, necesitamos en la nueva España del siglo XXI. Esas acciones son atentados contra la libertad de expresión que cercena el desarrollo democrático de las sociedades modernas, una vuelta al pasado bajo un argumentario de censores y de nostálgicos equivocados de época.

    Hemos tenido una pequeña tregua con la reciente absolución de Cassandra, y esperamos que esta absolución sigan las del resto de personas con causas abiertas.

    La libertad de expresión es condición imprescindible de una sociedad libre. Está ligada a la creación artística y cultural; está unida a la capacidad de movilización social, está vinculada con el derecho a una información veraz y plural. En definitiva, o se despliega con toda su intensidad, sin cortapisas, sin retorcimiento de leyes, normas o decisiones administrativas, para limitarla, o nos encaminamos hacia una sociedad empobrecida en sus derechos fundamentales, y que no será reconocida en un entorno europeo de libertades.

    Ya el Congreso Confederal de CCOO marcó en sus resoluciones la necesidad de recuperar una democracia de mayor calidad dónde estén garantizados el ejercicio de los derechos políticos y sociales. La criminalización del derecho de huelga y la aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana han sido ejemplos del ataque a los derechos fundamentales de la ciudadanía, una decisión conservadora para frenar la masividad de la respuesta de los sindicatos de clase, de sus instrumentos constitucionales de intervención.

    La sucesión de actuaciones legislativas, administrativas, judiciales y administrativas, que venimos sufriendo desde hace tiempo, se inscriben en un claro recorte de libertades y derechos. Decisiones desproporcionadas que limitan y restringen las posibilidades de intervenir de los sindicatos, de otras organizaciones sociales y de particulares. Una práctica regresiva que ataca al discrepante y que pretende acallar la protesta, la reivindicación y la defensa de otro modelo social alternativo. La represión contra el derecho de huelga y los más de trescientos sindicalistas de CCOO y UGT procesados, ha sido un exponente de esa deriva autoritaria y contrareformista de los poderes políticos y económicos.

    Estos malos tiempos deben ser desterrados desde el consenso social y político. Hay que abordar, sin demoras, un proceso de reformas legislativas que garanticen y refuercen el ejercicio de la libertad de expresión para quienes trabajan en el ámbito de la creación artística y cultural. Un pacto para derogar contenidos restrictivos de la ley mordaza, un acuerdo para ensanchar la capacidad de manifestación y de huelga, su autorregulación.

    Hoy es más que necesario lograr un impulso democrático, desarrollando y potenciando derechos, su corresponsabilidad cívica y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Es un reto de todos y de todas; hay que pasar página de estos tiempos malos.

    José Luis Gil González
    Secretario confederal de Formación Sindical y Cultura del Trabajo de CCOO

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