Paul Lafargue y Laura Marx en España

    20/11/2018. Juan Moreno

    Cuando está acabando el año del bicentenario del nacimiento de Karl Marx, alma de la AIT (i) o Primera Internacional fundada en 1864, conviene recordar también que no solo sus ideas llegaron a nuestro país sino también su propia hija Laura, y uno de sus yernos, Paul Lafargue, y algo tuvo que ver una cosa una con la otra. La presencia de Lafargue en España entre 1871 y 1872 contribuyó de forma notable a que arraigara el socialismo en el movimiento obrero español.

    Este artículo se divide en tres partes: “Familia errante y yerno exótico”, “Rumbo a España: odisea, dolor y acción” y “El derecho a la pereza y el puritanismo de izquierda”. Sirva este trabajo para recordar y reconocer a Paul Lafargue, considerado por algunos historiadores como el padre del partido socialista español, y también el papel militante de Laura Lafargue-Marx, su compañera de vida y de lucha.

    Familia errante y yerno exótico

    Desde su Prusia natal los Marx tuvieron que ir de un país a otro huyendo de las persecuciones de su gobierno: París, Bruselas y Londres fueron los lugares de residencia y exilio.

    El 26 de noviembre de 1911, teniendo respectivamente 69 y 66 años, se suicidaban Paul y Laura Lafargue en su casa de Draveil, cerca de París. Lo hicieron de forma meditada y planificada cuando consideraron que no les quedaba mucho por hacer, que habían desaparecido sus seres más queridos y que habían entrado en una vejez indeseada.

    Desde su Prusia natal los Marx tuvieron que ir de un país a otro huyendo de las persecuciones de su gobierno: París, Bruselas y Londres fueron los lugares de residencia y exilio. Las tres hijas de Karl Marx tuvieron infancia y juventud agitadas pero parece que fueron felices y, pese a las estrecheces que pasaron, tuvieron una formación y un modo de vida propio de una familia de burgueses venidos a menos; pero en la vida adulta las tres sufrieron graves desgracias y penalidades propias o familiares (ii)

    Fueron las hijas muy activas políticamente, leales a las ideas del padre, por el cual tuvieron gran admiración y cariño y dedicaron su vida, despreciando otras opciones profesionales más elevadas, a ayudarle en su trabajo y después de su muerte, en 1883, trabajaron en la difusión de su obra.

    Caso aparte fue la vida más anodina y tranquila del hijo no reconocido, Freddy Demuth, cuya paternidad había endosado Marx a su buen amigo (¡y tanto!) Friedrich Engels.

    Las tres hijas tenían como primer nombre Jenny por la madre…que no se llamaba Jenny sino Johanna Bertha Julie von Westphalen. Para liarlo más en la familia Marx tenían el hábito de usar apodos para ellos y para los amigos. Las hijas eran respectivamente Jennychen, Kakadou y Tussy; Marx era el Moro o Charlie, y Engels el General.

    Jenny Caroline Longuet-Marx, la mayor, fue escritora y destacó por sus denuncias del trato británico a los revolucionarios irlandeses. Casada con el periodista y dirigente socialista francés Charles Longuet, murió a la edad de treinta y ocho años tras una larga enfermedad.

    La menor, Jenny Julia Eleanor conocida como Eleanor ejerció de secretaria de Marx, fue profesora, escritora, traductora y militante sindical. Formó sindicatos y se destacó en la llamada huelga de las “Matchgirls” en la fábrica de cerillas de Bryant&May en julio de 1888 en Londres donde pararon más de 1400 mujeres y niñas. Fue muy infeliz con su pareja el también profesor y socialista inglés Edward Aveling quien además de cargarla de deudas le era infiel. Al descubrir Eleanor que Aveling se había casado en secreto con una joven actriz se suicidó a los 43 años.

    Jenny Laura la mediana, de la que hablaremos más por su peripecia española y por su matrimonio con Lafargue, nació en Bruselas en 1845 y al ser expulsado Marx de Bélgica, la familia se trasladó a Londres, donde Laura conoció a Pablo (en adelante Paul, nombre propio francés que solo adoptaría muchos años más tarde) entonces estudiante de medicina. Marx que había consumido gran parte de los bienes propios y de los de su mujer no le puso fácil las cosas al pretendiente hispano-cubano, nacido en Santiago de Cuba en 1842.

    Por carta le criticó su “temperamento criollo” y le exigió mayor discreción y un comportamiento “conforme a la latitud de Londres” y sobre todo pruebas de que era capaz económicamente de sostener una familia: Si quiere proseguir sus relaciones con mi hija, tendrá que reconsiderar su modo de “hacer la corte”. (…) Usted sabe que he sacrificado toda mi fortuna en las luchas revolucionarias. No lo siento sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida obraría de la misma forma (…) Pero, en lo que esté en mis manos, quiero librar a mi hija de los escollos con los que se ha encontrado su madre. (…) Respecto a la familia de Usted no sé nada.

    Parece que el padre de Lafargue, francés establecido en Cuba y retornado a Francia, dio las debidas garantías de solvencia y Laura obtuvo el permiso paterno para casarse con quien sería médico, carrera que apenas ejerció, periodista, escritor y polemista brillante, y sobre todo un político revolucionario entregado a la causa marxista pese a sus primeras convicciones más o menos anarquistas (influencia de Proudhon) de las que las que mantuvo siempre algunas trazas. (En la foto: Rue de l’Alliance 5-7, Bruselas. En esta casa ya desaparecida nació Laura Marx).

    Instalados los Lafargue en París, Paul ejerció de delegado de la Internacional, y después se encargó en Burdeos de extender por el sur del pais el movimiento revolucionario de la Comuna de Paris al final de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Al caer la Comuna en mayo de 1871 y desatarse la represión, ésta llegó a todos los rincones del país. Lafargue, un agitador conocido y además yerno de Marx proscrito en media Europa, fue puesto en busca y captura.

    Paul y Laura con sus dos hijos, Etienne de dos años y Edgar de seis meses emprendieron desde Burdeos la huida hacia los Pirineos con la intención de pasar a España. Primero se establecieron en junio y julio de 1871 en el lado francés, en Bagnères-de-Luchon, para cuidar al pequeño Edgar, que había enfermado y que allí falleció. Ya habían perdido otro bebé al poco de nacer mientras vivían en Paris. Avisados de la llegada de un batallón de la gendarmería precipitadamente pasaron al lado español por el Valle de Aran.

    Rumbo a España: odisea, dolor y acción

    Tras una breve estancia en San Sebastián Lafargue se dirigió a Madrid habiendo recibido de Engels las instrucciones de contactar a los partidarios españoles del Consejo General de la AIT

    Según el relato novelado de Oscar Strada se alojaron en el Hotel Masse de Bossòst junto a las dos hermanas de Laura que les habían acompañado desde Burdeos donde habían ido a visitarles. La gendarmería cruzó la frontera con permisividad policial española pero Paul había sido avisado y huyó a tiempo. Los gendarmes entraron con violencia a registrar el hotel y agredieron a Eleanor porque había destruido una carta comprometedora de Engels: El segundo oficial francés advirtió la maniobra y asestó un culatazo que dejó a Tussy casi sin sentid0 (iii)

    Jenny y Eleanor al regresar a Francia fueron de nuevo detenidas y llevadas a Luchon. Marx desde Londres envió a una revista femenina una carta de Jenny sobre el maltrato recibido: 23 de septiembre de 1871. Señoras tengo el honor de enviarles, para insertarla en su Semanario - si juzgan la contribución de suficiente interés para sus lectoras - una breve relación de mi hija Jenny sobre las persecuciones que ella y su hermana sufrieron, durante su estancia en Bagnères-de-Luchon (Pirineo), a manos del gobierno francés. Este episodio tragicómico me parece característico de la República de Thiers ....sinceramente vuestro, Karl Marx (iv).

    También Lafargue fue detenido en España e ingresado en la cárcel de Huesca. Aunque Francia pidió la extradición, él argumentó ante el gobernador de la provincia que era súbdito español (Cuba era aún colonia) y a los 11 días fue puesto en libertad. En 1916 otro célebre revolucionario, el ruso Leon Trotski, de paso por España también seria brevemente encarcelado, en su caso en la Modelo de Madrid donde le llamó la atención que había celdas gratis y celdas de pago. Le pareció lógico: ¿Porqué ha de reinar la igualdad en las cárceles de una sociedad cuyo fundamento es la desigualdad de todas las cosas? (v). Al año siguiente Trotski estaría en Rusia haciendo la revolución mientras en la Modelo de Madrid el capitan general, durante la huelga general, sofocaba un motín fusilando a varios presos.

    Tras una breve estancia en San Sebastián, donde esperaría a su mujer y a su hijo Etienne (alias Schnapps), y donde tuvo tiempo de colaborar con diarios locales, Lafargue se dirigió a Madrid habiendo recibido de Engels (quien entre sus funciones en la AIT se encargaba de España) las instrucciones de contactar a los partidarios españoles del Consejo General de la AIT. Estos eran una minoría ya que el anarquista Diego Fannelli se había adelantado llegando a España en 1868 y por su influjo se creó en 1870 en Barcelona la Federación Regional Española de la AIT bajo la línea de la facción anarquista agrupada en la Alianza Internacional de la Democracia Socialista liderada por Mijail Bakunin.

    Hay que decir que la disputa ideológica Bakunin-Marx había empezado antes de que se creara la Primera Internacional y continuó durante mucho tiempo después de que ésta fuera disuelta por Marx y Engels en 1876. La primera diferencia entre marxistas y anarquistas era sumamente teórica: si el estado debería o no subsistir despues de destruido el capitalismo (uno se pregunta con ingenuidad relativa si no podrían haber aplazado esa discusión unas cuantas décadas al menos). Es cierto que, derivado de lo anterior, había otra discrepancia más inmediata: si mientras llegaba la revolución se participaba o no en elecciones parlamentarias. Tal vez de esa lejana bronca, seguramente inevitable, nos viene a los rojos la costumbre de dividirnos a veces por razones de peso y otras por cualquier cosa elevada al rango de “cuestión de principios”.

    En los siete meses que estuvieron en Madrid Paul y Laura Lafargue fueron un revulsivo muy estimulante para los círculos obreros. Nada menos que el vehemente yerno del líder de la Internacional, que en español, les hablaba de las ideas de Marx y de Engels con quienes él y su joven esposa Laura mantenían correspondencia informándoles de los pasos que estaban dando.

    Lafargue escribió artículos para el periódico La Emancipación órgano de los internacionalistas, y junto a un puñado de militantes como José Mesa, Francisco Mora o Pablo Iglesias plantaron cara a los aliancistas para que la sección de la Internacional se atuviera a las orientaciones del Consejo General de Londres.

    En el segundo congreso de la Federación española celebrado en secreto en Zaragoza en abril de 1872 (en enero el gobierno español había declarado ilegal la Internacional) Lafargue representó a Alcalá de Henares y defendió una ponencia. Allí fue acusado por el anarquista Morago de usar nombre supuesto, y de haber traído a España una “misión secreta” (vi), algo que éste rebatió. A partir de Zaragoza se produce la expulsión de los marxistas y estos crean la Nueva Federación Madrileña, alineada con Londres y germen de la fundación del Partido Socialista Obrero Español el 2 de mayo de 1879. Juan José Morato, sin merma del título de fundador del PSOE que con justicia se atribuye a Pablo Iglesias, dice de Lafargue que él fue el verdadero creador del Partido Socialista, porque de él partió el esfuerzo inicial (vii). (En la foto: Madrid. Calle de Atocha nº 117 en la actualidad. En el segundo piso vivieron los Lafargue).

    En la correspondencia de Paul y Laura con Londres dan también informaciones del delicado estado de salud de su hijo Etienne quien fallecería el 2 de julio de 1872. Este triste desenlace aceleró la marcha de los padres cuya tarea política en España ya habían dado por concluida.

    Enterraron al nieto de Marx en el Cementerio General del Sur (viii), en la Puerta de Toledo, que era conocido como el “cementerio de los ajusticiados” porque muy cerca de allí se ejecutaba a los criminales de la época como al castizo bandolero Luis Candelas o a los disidentes como el general Diego de León, espadón fracasado que terminó ante un pelotón de fusilamiento y según dicen él mismo dio las órdenes pertinentes de preparados, apunten, ¡fuego!

    Este cementerio se había construido por orden del rey José Bonaparte:
    «Considerando muí conforme á las reglas de una buena policía cortar de raíz todas las causas que pueden influir en la putrefacción del aire, y dañar á la salud pública, en cuya conservación debe esmerarse tanto la solicitud y zelo del gobierno; y observando que, principalmente en las actuales circunstancias, nada se opone mas á lograr tan saludable objeto como permitir la práctica de enterrar los cadáveres en las iglesias, abuso contrario á la sana razón..”

    Me pregunto, entre paréntesis, si la vicepresidenta del gobierno Carmen Calvo podría ampararse en ésta sensata orden de Pepe Botella (rey okupa pero buen regidor de la Villa y Corte) para impedir que Franco sea enterrado en la catedral de la Almudena que, aunque grandota, iglesia es al fin y al cabo, y creo que dos siglos después el riesgo de “putrefacción del aire”, será el mismo, o tal vez mayor en este caso concreto.

    El derecho a la pereza y el puritanismo de izquierda

    Durante unos años Paul y Laura Lafargue fueron la pareja dorada del socialismo internacional y muchos personajes quisieron conocerlos y visitarlos en su casa de Draveil

    Aunque los Lafargue no volvieron a España, Paul fue siempre, junto a Jules Guesde, el referente internacional del PSOE y el partido francés impregnaría durante décadas el posicionamiento político del socialismo español. Después de vivir diez años en Londres, los Lafargue decidieron volver a Francia creyendo erróneamente que la condena que tenía Paul había sido cancelada. Entró en la cárcel y no sería la última vez pues en 1991 fue de nuevo encarcelado siendo liberado al ser elegido diputado.

    En Francia los primeros años vivieron fundamentalmente de la herencia paterna de Paul y sobre todo de las ayudas de Friedrich Engels, que ya había socorrido con harta frecuencia a los Lafargue y a todos los Marx empezando por el patriarca. La sintonía con Jules Guesde le llevó a construir con él el Partido Obrero Francés (más tarde Partido Socialista) del cual sería tras Guesde, uno de los principales dirigentes.

    Lafargue no era un teórico o científico pero si un vigoroso divulgador del marxismo con gran capacidad para transformar el análisis del capitalismo en acción política reivindicativa. A veces le salía el pronto heterodoxo que nunca había domeñado del todo: Por ejemplo, tentado un tiempo por el boulangismo (ix), Friedrich Engels, le llama al orden. Y, de hecho, en varias ocasiones, la "vivacidad impulsiva" de Paul Lafargue (para utilizar la expresión de Jean Jaurès) lo lleva a caracterizaciones abruptas y torpes (x). Con el prestigioso Jaurès líder de otra rama del socialismo mantuvo constantes y virulentas polémicas pero también colaboró con él en la posterior reunificación del partido.

    Lafargue escribió numerosos discursos, artículos, libros y otros trabajos, pero como autor se hizo célebre por uno bien corto que además tituló El derecho a la pereza, lo cual le hizo blanco de bromas y dardos: Tras ayudar a Engels en la lucha contra el bakuninismo en España, Lafargue volvió a Londres y, como futuro autor de El derecho a la pereza, practicó lo que predicaba (xi) Puede que el joven Lafargue holgazaneara un poco en esa época pero después como escritor y como político dio muestras de un activismo constante.

    El derecho a la pereza era ante todo una provocadora denuncia de la sacralización del trabajo por el clero y los explotadores: La moral capitalista, lastimosa parodia de la moral cristiana, anatemiza la carne del trabajador; su ideal es reducir al productor al mínimo de las necesidades, suprimir sus placeres y sus pasiones y condenarlo al rol de máquina que produce trabajo sin tregua ni piedad (xii).

    El folleto fue “redescubierto” en los años setenta del siglo XX tras el Mayo del 68 por los defensores de la nueva cultura contestataria, mientras que la derecha incluso hoy lo presenta como un inaceptable reclamo de la vagancia: Sin embargo, el texto debe entenderse en su contexto: no puede negarse su radicalidad o su naturaleza extravagante, pero fue uno de los primeros en reivindicar de facto, con un brío inigualable, la reducción del tiempo de trabajo, una de las reivindicaciones más antiguas y duraderas de la izquierda francesa (xiii).

    En todo caso la “pereza” que proponía Lafargue era en un sentido figurado o irónico parecido al que reclamaba para sí otra trabajadora nata, la escritora Marguerite Duras quien, según Vila-Matas, decía: Si yo tuviera la fuerza de no hacer nada no haría nada (xiv). La verdad es que en ese sentido yo he conocido alguna gente muy fuerte.

    Durante unos años Paul y Laura Lafargue fueron la pareja dorada del socialismo internacional y muchos personajes quisieron conocerlos y visitarlos en su casa de Draveil. Por cierto que la compra de esa casa residencial, con la parte de la herencia que Engels dejó al morir en 1895 a Laura Marx, y el tipo de vida refinada de los Lafargue fue utilizado en contra de éstos por la prensa de derechas y causó un cierto escándalo en las filas socialistas.

    También le pasó algo parecido (salvando las distancia en metros cuadrados) a Largo Caballero pues según cuenta en sus amargas Memorias habiendo comprado a plazos una casita, Saborit y Besteiro le dijeron que si quería ser candidato a concejal tenía que renunciar a la “pequeña propiedad”: Me indigné del aspecto de chantaje que aquello tenía (…) Dije que por nada ni nadie me desprendería de ella, porque la había adquirido por medios honradísimos (…) pasados algunos años, Saborit y Besteiro cambiaron de opinión, ya que cada uno adquirió un hotel (chalet) para vivir con su familia (xv)

    Para los puristas de todas las épocas un político de izquierdas debe de vivir como un proletario o al menos fingirlo aunque los bienes o los ingresos hayan sido honestamente ganados o heredados.

    El declinar político de Lafargue en el partido unificado SFIO (xvi), la merma de sus ahorros, y el deseo manifestado de no afrontar los males de la vejez, fueron los factores del suicidio del matrimonio mediante una inyección de ácido cianhídrico administrada por Paul. Antes habían ido al cine y a cenar y Paul escribió una nota para el jardinero con instrucciones de que repartiera diferentes cantidades de dinero y de objetos con otros empleados de la casa e incluso pidió que recogieran al perro y lo trataran bien. Y en una nota a su sobrino explicaba: Sano de cuerpo y de espíritu, me mato antes de que la implacable vejez, que me roba uno a uno los placeres y alegrías de la existencia y que me despoja de mis facultades físicas e intelectuales, paralice mi energía y rompa la voluntad y me convierta en una carga para mí y los demás.

    El suicidio conmovió a todo el socialismo francés e internacional. El 3 de diciembre de 1911, Paul y Laura fueron incinerados en el cementerio del Pere-Lachaise en presencia de una multitud y de importantes personajes del socialismo francés como Vaillant, Guesde y Jaurès, o internacionales como el alemán Kaustsky o los rusos Alejandra Kollontaï y Lenin. Éste y su mujer Nadezhda Krupskaya eran amigos del matrimonio Lafargue y el futuro jefe de la revolución rusa fue uno de los oradores, e hizo un gran elogio de la figura de Paul Lafargue.

    En España su antiguo rival el anarquista Anselmo Lorenzo escribió: Lafargue fue mi maestro, su recuerdo es para mí casi tan estimable como el de Fanelli.

    Juan Moreno | Miembro del Consejo Asesor de la Fundación 1 de Mayo

    (i) AIT: Asociación Internacional de Trabajadores
    (ii) El matrimonio Marx tuvo otros tres hijos que murieron siendo niños
    (iii) STRADA, Oscar: El hilo de Lafargue
    (iv) https://www.marxists.org/catala/autors/jenny/1871-fr.htm
    (v) TROTSKY, Leon: Mi vida
    (vi) MORATO, Juan José: Líderes del movimiento obrero español 1868-1921
    (vii) MORATO, Juan José: El Partido Socialista Obrero
    (viii) El cementerio del Sur fue demolido en 1942 y los restos humanos trasladados al cementerio de la Almudena.
    (ix) De Georges Boulanger, general y ministro de defensa muy populista.
    (x) DUCANGE, Jean-Numa: Paul Lafargue cents ans après…(artículo publicado en www.jean-jaures.org).
    (xi) HUNT, Tristram: Engels. El gentleman comunista.
    (xii) LAFARGUE, Paul: El derecho a la pereza.
    (xiii) DUCANGE, Jean-Numa: Paul Lafargue cents ans après…(artículo publicado en www.jean-jaures.org).
    (xiv) VILA-MATAS: París no se acaba nunca.
    (xv) LARGO CABALLERO, Francisco: Recuerdos.
    (xvi) SFIO: Sección Francesa de la Internacional Obrera.

     Artículo en Nueva Tribuna Ver

     

    Esta web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar su navegación. Si continúa navegando está dando su consentimiento para su aceptación y nuestra politica de cookies, haga click aqui para más información y ver cómo desactivarlas.