Cultura, creación, cogestión, patrimonio cultural

    04/04/2019. Xavier Navarro Barrera

    En un artículo valorativo de la primera vuelta de las presidenciales francesas, se hacía una interesante afirmación “los trabajadores han desaparecido del cine”, en una clara referencia a la no presencia protagonista del mundo del trabajo y la clase trabajadora. Dicha afirmación la podríamos hacer extensiva a otros ámbitos. Salvo excepciones muy interesantes esta es la realidad. La afirmación comentada dice mucho de la importancia de una industria cultural, creativa, generadora de imaginarios en el que el mundo del trabajo se ve excluido, marginado, es algo periférico.

    Esta realidad nos obliga a reflexionar sobre el cine, sobre la creación cultural y el compromiso social, así como la relación del mundo del trabajo organizado (sindicalismo de clase) con los creadores, los cineastas y en general con el mundo de la cultura. Es cierto que en CCOO se han dado pasos importantes, pero habrá que profundizar y fortalecerlos y desarrollar un trabajo importante para que dichas actuaciones sean conocidas y seguidas por la mayoría de las clases trabajadoras

    Ser cineasta, y cineasta con compromiso (en el mundo del teatro también), hoy es harto complicado, aunque no sólo cineasta pues podríamos hacerlo extensible al conjunto del mundo de la cultura . La propia realidad laboral es de altísima precariedad, lo que complica mucho más. Tenemos una industria donde el cine de autor independiente es una actividad de la que no se puede vivir. Si no hay respaldo de una televisión, si no hay inversión en el producto y poder acceder a los circuitos de distribución tradicionales, la creación se ve abocada a una práctica marginal altamente precaria. Con muchas dificultades algunas cooperativas logran sobrevivir, a pesar de los éxitos, porque se puede tener un éxito de crítica, obtener premios y un buen currículum artístico pero bastantes más gastos que ingresos. Solo los adinerados pueden dedicarse en exclusiva al cine lo que influye (siempre hay excepciones) en la falta de propuestas narrativas de otra clase social, quedando la actividad artístico y creativa casi en exclusiva para las élites, por lo menos la reconocida y con proyección y capacidad de influir socialmente.

    Dura realidad que no podemos obviar. Diversos son los ámbitos en los que intervenir como sindicato de clase y de manera conjunta con las organizaciones propias del ámbito cultural y creativo. Combatir la precariedad con diferentes medidas que permitan poder vivir y crear posibilitando que las visiones sociales críticas y de la esfera del mundo del trabajo, tengan tantas posibilidades como otras.

    El mundo del trabajo, el sindicato, ha de mantener un diálogo constante, forjar alianzas, porque generar opinión y visión crítica de la realidad que nos han impuesto, es una necesidad. Necesitamos alianzas que no devociones y seguidismos, desde el respeto, aceptando la crítica leal, apoyando iniciativas tan interesantes como “Flores en la basura “ o “La vida de los otros” . Mensajes tan interesantes como el que se desprende de producciones como estas, han de llegar a ser popularizados y en esto el sindicato ha de jugar un papel fundamental.

    Así mismo, y más allá de la creación cinematográfica, y al vuelo del argumentario de un artículo publicado en Ctxt el pasado 6 de julio de 2017, sobre cómo implicar a la sociedad en la gobernanza del patrimonio cultural, planteando algunos elementos de participación de la ciudadanía en la gestión de la cultura y del patrimonio cultural, debemos emplazarnos a discutir y elaborar propuestas en relación a estos temas

    Plantear en abstracto el concepto de la participación puede parecer a simple vista algo positivo, progresista, avanzado. El debate se suscita cuando intentamos construir la propuesta, cuando intentamos dar sentido y orientación a la idea.

    ¿Qué entendemos por participación? ¿Hablamos de fórmulas de cogestión desde una sociedad organizada? ¿Contemplamos la participación activa de los creadores?

    Es fácil hablar de participación en la gestión de la cultura y del patrimonio cultural, apelando a formulaciones líquidas donde convertimos a la ciudadanía en usuarios con opinión, que es algo más que simples usuarios. Pero eso no es participación real en la gestión. Es cierto que mejora el estatus actual y acerca un poco más el gobierno de lo cultural a la ciudadanía, un efecto placebo más o menos potente pero que no es signo de cambio y mucho menos de transformación.

    Debemos construir entre los diferentes agentes un verdadero modelo de participación, de cogestión de la cultura y el patrimonio cultural como un elemento consustancial a una democracia avanzada; y eso nos interpela, nos demanda poder abordar importantes debates previos y avanzar en diferentes propuestas que permitan superar déficits y problemas actualmente existentes:

    - Precariedad absoluta en la que viven los creadores y las creadoras. Necesitamos propuestas para combatir esta situación, que en muchos casos raya casi la indigencia

    - Titularidad del patrimonio cultural, su gestión, políticas de restauración, conservación y mantenimiento, así como su acercamiento a la ciudadanía

    - Políticas integrales de cultura, generando circuitos y público. Uso público, en forma de cogestión de los diferentes espacios construidos, en muchos casos faraónicos, y circuitos también cogestionados.

    Estos son algunos de los debates que deben ser afrontados de manera inmediata, sin dejar de trabajar y elaborar la alternativa necesaria a la realidad actual, en el marco de una democracia avanzada.

    La cultura y el patrimonio cultural no puede seguir siendo objeto de enriquecimiento, de control político de determinadas opciones, ni una herramienta para controlar y manipular de cualquier forma ni tampoco un elemento de mero consumo, en el mejor de los casos, para la mayoría de la ciudadanía.La cultura es un aspecto fundamental para conformar criterios, visiones críticas.

    La cultura, es un elemento fundamental, crucial, en el conflicto de clases, y por tanto tiene que ser uno de los elementos centrales de las organizaciones de la clase trabajadora.

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