Boletín de Sumarios n.4 2019

    Avanza la nueva (aunque tan rancia) extrema derecha; y España ya no es una excepción. La lucha contra esta ultraderechización política es la lucha contra el inmovilismo patriarcal y el neoliberalismo voraz, contra el colonialismo “cuasiesclavista” y el poscapitalismo mentiroso.

    10/04/2019.
    Boletín de Sumarios

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    En el último año, quizás hayamos encontrado dos de los instrumentos más efectivos para combatir a los fascismos: las huelgas feministas y las huelgas escolares contra el cambio climático. Y no olvidemos que tenemos elecciones en apenas unas semanas.

    “Extrema derecha”, “ultraderecha”, “protofascismo”, “neofascismo”, etc., da igual el término empleado. Gobernando en Hungría y Polonia; formando parte de gobiernos en coalición en Italia, Austria, Eslovaquia y Bulgaria; siendo la segunda fuerza política en Francia; el hecho es que la nueva extrema derecha avanza en Europa. Antes podríamos nombrar también a Putin, y de Trump, Bolsonaro o Duterte, mejor no hablar. Y ahora, también en España (desde las elecciones andaluzas de 2018) su presencia política y pública ha sido normalizada.

    La revista Trasversales (n. 46, febrero de 2019) dedica varios artículos a intentar comprender el peligro que acecha en este movimiento reaccionario, autoritario y regresivo, con un programa especialmente agresivo contra los derechos de la mujeres y de los inmigrantes, contra las demandas de los sindicatos, con el rechazo del ecologismo, con una homofobia declarada, pero con la defensa de las peores versiones de la religión, la familia y la patria, además de la “glorificación” de cualquier tradición basada en el maltrato animal.

    Ser consciente del peligro y pensar cómo actuar. José Luis Carretero en Metapolítica: la ultraderecha activista en busca de la hegemonía, reflexiona sobre la posibilidad y consecuencias de un futuro tripartito en España entre el neoliberalismo descarnado (Ciudadanos), el conservadurismo clásico (PP) y la ultraderecha pro-franquista (Vox).

    Con sólo 15 años, Greta Thunberg, comenzaba una protesta cada viernes frente al Parlamento sueco contra los políticos que no hacían nada por luchar contra el cambio climático. Estos “Friday For Future” contagiaron a escolares de todo el mundo, desembocando en la Huelga Climática del 15 de marzo. En las revistas Ecologistas (n. 99, primavera de 2019) y en GPM (n. 29, primavera de 2019) sendos artículos relatan cómo han tenido que ser los jóvenes, casi niños, quienes sitúen el cambio climático como un problema esencialmente político, como una cuestión con una dimensión humana aquí y ahora, y con un componente ético, porque condena a sufrir sus efectos a unas generaciones futuras. “No hay tiempo para esperar a que crezcamos”. “El cambio climático está llegando, tanto si os gusta como si no” resumió certeramente Greta la situación en la última Cumbre del Clima y en el Foro de Davos.

    Dentro de la Huelga Feminista del 8 de Marzo hay distintas huelgas: laboral, de estudios, de cuidado, de consumo. Este último aspecto es el que Emilia D’Agostino y Marta Pascual eligen en el artículo que firman en Ecologistas (n. 99, primavera de 2019), con la convicción de que consumir es un acto político y cambiar nuestra forma de hacerlo y de pensar es convertirnos en agentes activos del cambio. NO SER CÓMPLICES. Empoderarnos como consumidoras feministas significa denunciar los estereotipos de un sistema capitalista y patriarcal (y colonialista). Seguramente, dar donde más duele al sistema.

    Vaya mundo en el que las mujeres tienen que salir una y otra vez a la calle para luchar por lo que es tan evidentemente justo, y “los niños tienen que convertirse en adultos ante la incapacidad e irresponsabilidad de estos” (de una pancarta ante el Parlamento inglés)…

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